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martes, 9 de junio de 2015

Arrietty y el mundo de los diminutos

Cuando acabe de leer la premisa de esta película, asi, a lo tonto, me di cuenta que dentro de lo que sería el género de la fantasía, en mayúsculas, las historias cuya premisa se basa en una sociedad en miniatura que se convierte en el centro absoluto de la aventura debería considerarse como un sub-genero en sí mismo. Si nos ponemos clásicos y pedantuchos –ñañaña- podríamos decir que el primero en hacer esto fue Jonathan Swift en sus viajes de Guilliver allá por el siglo XVIII; si queréis quitar lo pedante a esta referencia solo tenéis que iros a la adaptación cinematográfica de la misma por Jack Black. Aterradora. Centrémonos únicamente en el cine, donde sí que podemos mencionar chorromil premisas casi idénticas: Ant Bully, Arthur y los Minimoys y sus dos secuelas, Epic, y por supuesto, la que tenemos hoy, Arrietty y el mundo de los diminutos que, confesare, de todas las aquí citadas, es la única que tiene calidad a mi parecer; salvando la novela de Swift, claro. A Jack Black que le jodan.


Arrietty y el mundo de los diminutos es un filme del estudio Ghibli, el afamado estudio de animación japonés que conoceréis por lo poco que me falto en esta entrada para comerle la… ¡Sin embargo! Esta tampoco es una película de Miyazaki, y no sé por qué no reseño alguna de Miyazaki, la verdad, porque me he visto todas. Cobardía, seguramente. Como iba diciendo, esta película, opera prima del jovencísimo director Hiromasa Yonebayashi (escrito de memoria, eh), es una adaptación de la novela fantástica Los incursores de la autora británica Mary Norton. Desconozco por completo cuan fiel es la película a la novela porque ni siquiera conocía que existieran mas novelas de este estilo, aparte de Arthur y los Minimoys; pero conociendo que Miyazaki se paso a la torera el libro del castillo ambulante y que Takahata le cambio el final a Kaguya, me imagino que el estudio también hará interpretaciones muy libres de las adaptaciones. Tampoco es que esto lo considere un defecto,  he tenido que buscar el nombre de la novela en la Wikipedia. Y ahora, hablemos de Arriety.

¿No os recuerda esto a Attack on titans? 

Bajo una casa de campo a las afueras de Tokio,  una familia de diminutos humanos del tamaño de muñequitas viven realizando incursiones nocturnas para aprovisionarse de víveres y materiales, siempre alerta para no ser descubiertos por los habitantes de la casa. Arriety, la hija del matrimonio, llena de vida y energía,  es vista en su primera incursión por el nuevo habitante de la casa, un niño enfermizo que, para su sorpresa, intentara comunicarse con ella por todos los medios posibles. A medida que se cimenta esta nueva amistad la existencia de los diminutos será amenazada.

Cuando alguien me pregunta cual es mejor, si la animación japonesa o la americana, siempre le pongo el ejemplo de Arrietty. No es fácil hacer una comparativa de dos estilos tan diferentes y de dos formas tan distintas de ver el arte de contar historias, pero con Arrietty se puede observar claramente donde está la diferencias de estilos; por desgracia, el ejemplo que voy a poner contiene un pequeño spoiler, así que si no has visto la película deja de leer ¡¡¡¡¡AQUÍ!!!!!!! (seleccionad la parte del texto oculta en fondo blanco)

MIRAD AL KOALA, SOLO MIRAD AL KOALA

En el último tercio de la película, la madre de Arrietty es capturada por la sirvienta de la casa, y la misión de nuestros dos protagonistas es rescatarla. Este suceso es previsible, durante toda la película sabes que va a ocurrir de un momento a otro pero, sin embargo, en Arrietty esto ocurre casi al terminar la película, mejor dicho, tras terminar el rescate solo quedan 10 minutos para los créditos. Si esta hubiera sido una película de Disney o Dreamworks, este suceso hubiera sido el gran giro y la trama giraría en torno al rescate, mientras que en Arrietty se ha ido construyendo en torno a la relación entre los personajes. Amparándose en que es una historia para niños, la animación occidental maneja la trama con mucha más acción y conflicto, mientras que la japonesa opta mas por un ritmo más reposado para poder desarrollar los personajes y deslumbrar con la animación: es imposible hacer una comparativa cualitativa con estilos tan diferentes.

Arriety es, dentro de lo que sería el estudio Ghibli, una obra destacable pero no muy citada, el motivo para mi es completamente desconocido. No es una película perfecta, no es de Miyazaki ni de Takahata, pero tiene el sello Ghibli: es emotiva, sus personajes son entrañables, la animación es vibrante, colorista y alegre, la historia es sencilla, infantil, pero con complejos mensajes. Si hay algo que me gusta de esta película son los personajes, porque es de las pocas películas en que los personajes infantiles están bien escritos y desarrollados, en ningún momento su comportamiento resulta forzado ni artificial, y la relación se desgrana con muy pequeños momentos hasta el final, hay muchísimo conflicto entre Arriety y el joven chico, intentos de comprenderse, diferencias, y todo ello contado, como digo, con una naturalidad pasmosa. Chocan algunos diálogos, pero creo que es mas por la traducción o por diferencias culturales, pero cualquiera que haya visto una peli japonesa sabrá que o los japoneses hablan raro, o nosotros jamás lograremos traducirlos sin que algo dentro de mi chirrié. Tal vez el chico es el que se note algo forzado pero se debe más a la enfermedad que arrastra consigo, que le hace ser particularmente taciturno en su forma de hablar, sin nunca perder la sonrisa forzada.

nuestro protagonista en plena posición contemplativa made in Murakami

Poco más puedo añadir a lo que trama se refiere tras la sinopsis y el spoiler, solamente decir que tiene un ritmo algo más acelerado que en el resto de películas del estudio, pero aun así con momentos contemplativos en donde solo hay animación y música, pura animación y pura música: el gran sello. Y esos son los momentos en los que más disfruto, en los que uno puede relajarse y observar. En ciertos aspectos, Arriety es una película de métodos silenciosos. Como tal, no tiene mucho con lo que destacar, y es probable que no sea la favorita de muchas. Sin embargo, cuando vemos cualquier otra película de animación del estilo y la comparamos con Arriety, es cuando de verdad se aprecia la calidad que tiene.


No, en serio, reseño algo de Miyazaki ya. ¿No?

miércoles, 13 de mayo de 2015

El Jorobado de Notre-Dame

Ahora mismo estoy en lo que podríamos llamar la recta final más dura a la que me enfrentado en mi vida académica; no he estudiado mas creo desde que curse la selectividad, y ni por esas se puede comparar mínimamente a mi situación actual. Solo para que os hagáis una idea, llevo más de mes y medio sin pasar una página que no sea de apuntes y varias semanas sin poder disfrutar de una película sin saber que, o me tengo que poner a estudiar nada más acabar o debería de estar estudiando. Sin embargo, este Julio aplicado y trabajador ha sido vilmente amordazado, atado y sodomizado por mi esencia mas procastinadora esta tarde, en la que he dicho, a tomas por culo, y me he puesto esta maravillosa peliculita y a escribir esta crítica; ya ahogare mi arrepentimiento en litros helado de dulce de leche. 

Entremos en situación. ¿Quién de mi generación no ha crecido viendo esta película? Los 90 fueron para Disney como una edad de plata luego de sus primerísimos largometrajes animados: película estrenada, taquillazo asegurado. La bella y la bestia, Aladdin, Pesadilla antes de Navidad, El rey león. El Jorobado se estreno un año después del batacazo que supuso Pocahontas –ojo, a mi me gusta Pocahontas, pero hablamos de éxitos en taquilla-, cuando esta edad de plata estaba ya en decadencia. Y, sinceramente, no creo que el Jorobado de Notre-Dame fuera la mejor opción para recuperar audiencia: Me explico.

El Disney más clásico siempre ha trabajado con una fórmula mágica, tiene su zona de confort,  los cuentos de hadas y las fabulas tradicionales. Cuando Disney decide optar por un registro nuevo, o peor aun, reinventar su fórmula es cuando los pezones se ponen duros de terror (y para muestra… Pocahontas). O salen sus obras maestras, o grandes decepciones,  no hay término medio, sobretodo porque obedece a motivos muy subjetivos. Con el Jorobado decidieron adaptar una novela de Victor Hugo, Nuestra señora del París y, mirad, os puedo asegurar que es como si Disney decide reinterpretar Juego de Tronos. Ósea, no, y para muestra un botón. La primera escena, en las que nos presentan al villano persiguiendo a una pareja de gitanos con su bebe, la muerte de la madre a manos del villano y un intento de infanticidio. Veis… veis vosotros ya donde está el problema ¿No?

Ya tenemos imagen para el poster


Este movimiento tan arriesgado fue el que la condeno: el material para la adaptación no era el apropiado para hacer una buena película infantil, por lo menos no si querías traumatizar a tus hijos, esas mismas criaturitas que ya habían sobrevivido a Mufasa y a la mama de Bambi. Y luego también están los puristas de la novela de Hugo, los cuales vieron como el filtro Disney distorsionaba su adorado libro. No obstante, yo creo que esta es la mejor cualidad de la película, la oscuridad de la obra del francés dota a la película de una identidad y una inteligencia de la que carecen muchas otras obras de Disney que podrían, e incluso deberían, tener una carga dramática similar, y no solamente una muerte aislada que parta el corazón para que luego todo vuelva a ser chachi pistachi. Esta película tiene mucho que decir y su mensaje es importante sobre todo para los niños, que se ha demostrado que sobreviven a un poco de crueldad, si no díselo a Miyazaki volando cabezas con arcos y flechas. Y para los segundos… ¿Qué esperabais encontrar en una adaptación de hora y media, animada, de Disney de una obra de 700 páginas, violenta, salvaje, y peor, DEL TIO QUE HIZO LOS MISERABLES? ¿No os imaginabais que no iba a estar bien adaptada y, que si lo estuviera, Disney hubiera quebrada a base de pleitos? Dejando esta introducción, ya excesivamente larga, aparte, vamos a hablar de la película como tal, olvidándonos del libro, los problemas financieros de Disney y la inocencia destruida del pequeño Timmy.

Esto... pues eso, vaya. Que a callar... Si.
La historia del Jorobado no creo que sea desconocida a nadie, así que voy a spoilearla sin piedad. Quasimodo pierde a sus padres siendo un bebe a manos de Frollo, un juez que enmascara su sociopatia en un aura de santidad que le acoge como su protegido, confinándolo en el campanario de Notre Dame, del que le está prohibido salir. Ya adulto, Quasimodo quiere salir y ver Paris, en pleno jolgorio por las fiestas gitanas, y, desobedeciendo a su maestro, va al festival, en el que por desgracia es humillado y maltratado por los ciudadanos. Pero una gitana, Esmeralda, sale en su ayuda y se enfrenta a la multitud, despertando la ira del juez Frollo, que la manda arrestar por bruja. Hay otro personaje importante mas, Febo, el capitán de la guardia de la ciudad, que se enamorara de Esmeralda y, junto a Quasimodo, le ayudara a escapar de las manos del lujurioso juez. La historia a grandes rasgos  es la misma que la de la novela, pero descafeinada. La estructura y el ritmo es el clásico de Disney: principio, nudo y desenlace, o mejor dicho, presentación de personajes, primer conflicto, desarrollo, un segundo conflicto, climax, final feliz. Particularmente la historia me encanta, pero mas que la historia, el tratamiento que se le da, pues aun estando descafeinada, hay partes que son muy fuertes, partes que te dejan diciendo: ¿pero de verdad Disney hizo esto? ¡Disney los tenia cuadrados entonces! El martirio del pobre Quasimodo, una velada escena de flagelación, el intento de quemar a Esmeralda por brujería, pero sobre todo, el villano, y que villano…

¡DISNEY POR DIOS!
Frollo, sin ninguna duda, es lo mejor de la película. Es uno de los personajes más despreciables, sanguinarios y al mismo tiempo disfrutables que haya creado Disney; es tan malo, pero tan malo, que un coro gregoriano grita cada vez que aparece en pantalla. Todas sus acciones son crueles, es manipulador, despiadado, desalmado e inquisitorial en el peor sentido de la palabra, un fanático religioso que justifica sus peores acciones teniendo a Dios siempre en la boca. Pero todo esto alcanza su summun en una canción en la que, literalmente, Frollo fantasea sexualmente con Esmeralda. Pareciera una mezcla del inquisidor Bernardo Gui, del nombre de la rosa, y los monjes libidinosos de las primeras novelas góticas. Un villano perfecto, con un desarrollo perfecto, e interpretado a la perfección por las perfectas cuerdas de acero del todopoderoso Constantino Romero. Que Dios lo tenga en su gloria, este donde este.

Ummm, you touch my tralala...

El trió protagónico también está bien retratado para la corta duración que tiene la película; salvo pobre Febo, podríamos decir que su parte es la que mas cojea de todas. Quasimodo tiene una mezcla entre candidez y nobleza que hace que inmediatamente sintamos pena y ternura por él. Es un personaje trágico hasta el último momento: recluido en una torre, tratado de monstruo por el que considera ingenuamente su protector, la primera vez que sale conoce lo peor de la humanidad y, para rematar, no se queda con la chica. Vale, al final de la película una chiquilla le abraza y todos le aceptan como uno más y no estará solo; pero eso es un detallito, el pobre muchacho, tan bondadoso, tan bueno que es, queda friendzoneado de la más fea de las formas. Y esto, señores, que a muchos les disgusto, a mi me pareció un acierto. Me explico. Está claro que no es el mejor mensaje que dar a los niños, que si eres bueno y cariñoso pero feo como un trueno la chica se va a ir con el guaperas. Es un mensaje cruel, pero por desgracia, muchas veces es la triste realidad y, para más inri, aunque os sorprenda, los niños no son tan ingenuos como Disney y otros creen, hasta los chiquillos saben que por muy bueno que sea Quasi sigue siendo deforme y que es difícil enamorarse de alguien así. Es cruel y muy triste, pero es un mensaje bastante adulto para tratarse de una peli Disney.

Si es que en el fondo me duele hasta a mi...

Esmeralda me parece de los personajes más divertidos de la película, un derroche de energía y mala baba, siempre dando saltos, riéndose del orden y los poderosos, nunca dejándose domar. Aun tratándose de una gitana con una identidad cultural de lo más confusa (en general la etnia gitana es retratada en la película con la típica visión yanqui, de no tener ni zorra idea de lo que hablan), es de los pocos gitanos que parecen una caricatura, y eso que va arrastrando un chivo, ojo. La relación que mantiene con Quasimodo es muy tierna y, a la vez, confusa, porque la película en verdad a veces sí que da a entender que siente algo más que amistad por Quasimodo (o la muchacha es MUY cariñosa), por eso el posterior romance con Febo se hace aun mas forzoso de lo que ya es. Porque si de por si Esmeralda y Febo se han visto como dos veces en toda la película y compartido lo que a mi parecer son cinco frases, al desarrollar más la relación entre Esmeralda-Quasimodo, reduces a lo que podría haber sido una relación solida (las pocas escenas que comparten son muy simpáticas y, a niveles de trama, casi diría que utiles), en el tan trillado y estereotipico flechazo Disney. Y hablando de Febo, poco podemos decir de él salvo que es muy noble, con sus puntos de comedia y que no se hace antipático en ningún momento, es lo mejor que podemos decir de el: que esta y no molesta.

La animación de todo el filme es impresionante. Paris se ve inmensa, majestuosa, con una Notre-Dame tan magnífica y espectacular que sientes de verdad que domina sobre todo el paisaje. El nivel de detalle que tiene la catedral es, además, meticuloso y casi preciosista: las campanas tañéndose, las policromadas vidrieras, las estatuas de los santos de rostro beatifico, pero terroríficamente solemnes cuando la situación lo requiere; los ornamentos, pilares y florituras por las que escala Quasimodo, esta tan recargada de elementos que estremece el imaginar cuanto tuvo que costar hacer cada dibujo. Todo esto acompañado, además, por un uso del color y la música impresionante. Hay una escena, el climax de la película en la que, literalmente, Paris es el infierno en la Tierra: el cielo está poblado de nubes y humo rojo, hay un auto de fe en el centro iluminando toda la escena de un tono sanguinolento, del suelo solo se pueden entrever las llamas que comienzan a devorar los edificios; y en lo alto, Quasimodo sosteniendo a Esmeralda en sus brazos gritando “¡Esta en Sagrado!”. Me emociona solo de recordarlo. Y la música, la música es tan solemne que eriza el bello. No estoy hablando de la parte musical de toda peli Disney, esas que tanto canta la gente y que tanto adora pero que yo, al no tener alma, detesto con toda mi alma en el peor de los casos, o me dejan indiferente en el peor. Hablo de la música extradiegetica, los canticos gregorianos en latín, que dan un dramatismo a cada escena que ni el propio Victor Hugo pudo idear en su momento. El intento de infanticidio de Frolo y el climax sin esos coros tan grandilocuentes no quedarían en nada (cito mucho estas dos escenas, pero es que son bestiales).

¡A la friendzone va tu puta madre!

En conclusión, con todo lo bueno y todo lo malo, con el éxito en taquilla o sin él, con el recuerdo de mi generación o de las venideras, y siendo totalmente subjetivo en esta crítica, he de confesar que El jorobado de Notre Dame es una de las mejores películas animadas de Disney, muy lejos del clásico Disney de cuento de hadas y claramente infantil. Una historia épica y romántica en el sentido más literario de la que, a mi parecer, era imposible de adaptar mejor.

Y ESTAS TRES JAMAS EXISTIERON

sábado, 18 de abril de 2015

El cuento de la princesa Kaguya

Estoy seguro de que si menciono al estudio Ghibli, inmediatamente la mayoría de aquellos que hayan visto algo de anime sin llegar a ser otakus lo enlazaran con animación japonesa suprema, y al aun más supremo Hayao Miyazaki. No sería descabellado decir que Miyazaki es de los mejores animadores de todos los tiempos, no solo por su refinada tecnica, que es indiscutible, sino también por sus historias imaginativas, emocionales, tiernas, sus entrañables personajes, su indiscutible gusto para elegir bandas sonoras superlativas para sus filmes y los mensajes que encierran sus historias que, aun tratándose de películas de corte infantil, encierran un amor por la naturaleza y una crítica al ser humano que ya quisieran muchas películas que se hacen llamar "adultas".  La princesa Mononoke, El viaje de Chihiro, Nausicaa del valle del viento, Mi vecino Totoro… Todas ellas maravillosas. Es indiscutible que la genial mente del maestro Miyazaki estaba detrás de todos los grandes proyectos del estudio, del cual es cofundador, su retirada permanente del mundo de la animación causo mucho recelo en los seguidores de su trabajo. Sin embargo, esto no significa que en sus filas no hayan otros directores de una calidad incuestionable, y hablo de otro de los monstruos del estudio, el hombre que retrato el horror de la segunda guerra mundial sin apenas usar la crudeza, el maniqueísmo y las lacrimógenas trampas del genero bélico: hablo de la Tumba de las luciérnagas, y del también genial Isao Takahata, creador de la película que os traigo hoy.

El cuento de la princesa Kaguya ha sido una de las películas nominadas este año a los Oscars a la mejor película de animación, junto a Song of the Seas, Como entrenar a tu dragón 2, Los boxtrolls y la injustamente ganadora Big hero 6. No os guiéis jamás por estos veredictos, los Oscars pierden toda su objetividad en esta categoría. Es más, Miyazaki, con todo lo que ha sido, solo consiguió un Oscars por El viaje de Chihiro, y de gracias porque ese fue el año en que estrenaron peliculones como Lilo y Stich o Spirit… Otro año mas, el estudio Ghibli ha sido ninguneado sin amor, y eso que Song of the seas y esta película eran las que mas merecían la estatuilla.

Como al estudio Ghibli es el estudio que mas le gustan las princesas después de Disney, esta película nos narra la historia, o mas bien, la leyenda de la princesa Kaguya. Un humilde cortador de bambú que vive junto a su mujer en un pueblo en la montaña encuentra al cortar un tallo de bambú una diminuta princesita que se convierte ante sus atónitos ojos en un bebe. El hombre lo interpreta como una señal del cielo, y decide que debe criarla como su propia hija para que se convierta en una princesa gracias al dinero que, para mas inri, brota del bambú. Así trascurre la sencilla vida de la pequeña princesita que, como el bambú del que nació, crece mucho más rápido que los demás niños con los que juega y descubre el mundo que la rodea. Un día, cuando cumple los once-doce años, sus padres se mudan a la ciudad para cumplir los designios del cielo: hacer de ella una princesa. Pero no estará muy conforme con el cambio…



No quiero contaros mucho mas, porque es una película digna de verse y de descubrirla por dos motivos, dos maravillosos motivos. Solo voy a deciros que la forma de hacer historias de Takahata y Miyazaki contrasta mucho: Takahata es mucho más intimista, se centra más en la relaciones de los personajes y ofrece historias más humanas; Miyazaki es más creativo, su imaginación es desbordante y se ve en sus historias,  su ritmo, aun siendo lento en ambos, en Miyazaki es más rápido y desbocado, además, este siempre trata unos temas muy concretos. Todo esto lo digo porque aunque se trate de una leyenda popular japonesa y por ende tenga elementos sobrenaturales y fantásticos estos no son para nada la temática principal de la obra. Por resumirlo de algún modo sin llegar a spoilear toda la película, esta se centra casi exclusivamente en Kaguya. Kaguya es un ser conflictivo desde su nacimiento: fue criada en el campo, donde conoció a los que serian sus compañeros de juegos, que le acompañarían en todos los descubrimientos de los bosques, las riberas y los montes nipones; este amor por la naturaleza, unido al comprensivo cariño de su madre, harían que la vida que su padre había planificado desde el momento de su nacimiento se convirtiera en un lastre. Durante toda la obra este conflicto está presente, el saber que no perteneces a un mundo ni a otro –no olvidemos lo dicho anteriormente, Kaguya sabe que no es humana-, y la búsqueda de una identidad, aun enfrentándose a su padre, que en el fondo no es una mala persona, ni mucho menos, solo un pobre hombre que cree estar haciendo lo correcto. Es una historia tan tierna, tan humana y tan hermosa, sobre todo hermosa, que cuando llegamos al final de la misma es imposible no sentir como se te revuelve el corazón en el pecho.
                           


Pero sin duda, el aspecto mas destacable de la película, el cual vemos nada más comenzarla, es la grandeza artistica de la animación. Tal vez alguno de vosotros haya jugado Okami, donde controlamos a Amaterasu en un Japón feudal coloreado a base de pinceladas y acuarelas propias de los clásicos tapices japoneses. Este es el estilo vanguardista que maneja la película, pero mucho más refinado y delicado que el de Okami; todo esta dibujado y coloreado como si se tratara de una acuarela, pero los colores son mucho más aguados y los trazos más finos y delicados. Los parajes montañosos, los verdes bosques, los arroyos iridiscentes, todo está retratado con una delicadeza y una hermosura tan perfecta que es casi como contemplar un cuadro en movimiento. Hay escenas, además, en la que el estilo de dibujo sirve para trasmitir emociones, como en la huida de Kaguya, donde su cuerpo y el del bosque se unen en una espiral enloquecida de pinceladas reflejo de la confusión de la protagonista. Es tal la belleza, os lo juro, de la animación, que no puedo ensalzarla con palabras más rimbombantes y pedantes: pero yo lo siento. ES ASI DE BUENA.

La escena de la huida


Espero que la tremenda injusticia que los Oscars han cometido este año al ningunear a varias películas maravillosas no os impidan ver las cualidades y potenciales que tenían. El cuento de la princesa Kaguya tiene todas las virtudes de las mejores cintas del estudio Ghibli, con un toque vanguardista en el diseño y un ritmo lento y pausado muy oriental, el cual puede ser un defecto o una virtud dependiendo de que busques en una película. Creo que la opinión que me merece esta película esta más que clara, y mi recomendación no puede ser más sincera. Si este es el futuro del estudio Ghibli tras la marcha de Miyazaki no puedo estar más tranquilo por el porvenir .
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