Haya por febrero, en tiempos
mucho más felices, pude presenciar in streaming la gala de los Oscars.
Injusticias a parte (dígase Gran Heroe 6) y marginaciones flagrantes (¿a qué
familiar os mato Instertellar, cabrones?), me pareció una gala muy divertida y
emocionante, ganándome con sus payasadas y actuaciones, sobre todo gracias a
Neil Patrick Harris y su parodia al plano secuencia de Birdman; y bastante
insípida en sus melosos tributos musicales, este año especialmente hipócritas
por Selma. Pero creo que es a lo que nos tiene acostumbrado cada gala. No obstante y obviando toda la polémica y la
crítica anual, que muchas veces eclipsa a las películas (como estoy haciendo
yo, vaya), este año ha habido grandes y grandiosas sorpresas. Lo confieso, me
encanta el cine, pero no puedo asistir a cada uno de los estrenos de la
cartelera, por lo que cacareadas películas como Perdida, Boyhood, Imitation
Game y Birdman no las he podido ver, pero al menos por la publicidad las
conocía. En cambio Whiplash fue algo completamente sorprendente: ni había oído
hablar de la película, ni la habían anunciado en televisión. Hace poco que la
vi, así que… hablemos de Whiplash, cojones ya.
Whiplash cuenta la historia de
Andrew Neiman (Miles Teller), un joven y prometedor baterista de jazz que entra
en la Academia Shaffer, el proclamado mejor conservatorio de EEUU (no sé cuánto
postureo hay en esta afirmación, pero habrá que confiar en la peli). En este
nuevo mundo Andrew se encuentra con una competencia despiadada que, unido a su
nuevo profesor, Terence Fletcher (J.K Simmons), un brillante docente pero con
uno de los métodos educativos menos ortodoxos que se pudiera
imaginar, hará que saque el máximo potencial que es capaz, aunque ello le
cueste su integridad personal.
Por lo que parece Whiplash se
concibió en un primer momento como un cortometraje de 18 minutos que consiguió
una recepción muy positiva en el Festival de Cine Sundunce (un festival de cine
independiente más famoso por los Simpsons que por sus propios méritos), y de
este éxito se conseguiría la financiación necesaria para realizar una película
completa. Y, si bien la película dura unos 90 minutos, he de confesar que se
nota que la idea venia de un cortometraje. No me malinterpretéis, la historia es
muy buena y se desarrolla de una forma magistral; todo el proceso de
refinamiento al que se somete Andrew, su particular descenso a los infiernos a
causa de la obsesión y el perfeccionismo está plasmado e hilado a la
perfección, con una angustia genuina y lograda que se apoya tanto en la imagen
como en la propia musica. Porque si pudiera definir Whiplash en una palabra
seria esa: angustiosa. Andrew quiere ser el mejor, y se practica religiosamente
para serlo, para demostrárselo a sí mismo, a su familia, al mundo y, sobre
todo, a Fletcher. Para lograr este éxito lo sacrifica todo, su vida social y su
integridad física y mental. La película transmite esta excitación mental
apoyándose mucho en la música, en las escenas en que nuestro protagonista toca
la batería (que me parece, además, una elección musical acertadísima para contar
una historia así), y en menor medida en la fotografía, con planos más y más
agitados conforme avanza la trama y planos detalle a los instrumentos que se
suceden frenéticamente en las prácticas y los conciertos. Y hago este resumen
aquí expresamente, para poder explicar cuál es el defecto, para mí, principal:
el relleno.
| Te voy a joder los cuatro fantasticos ¡Y lo sabes! |
Como he dicho antes, Andrew está
obsesionado con mejorar, y la película para enfatizarlo nos lanza una subtrama
romántica en la que Andrew conoce a una chica, la dependienta del puesto del
palomitas del cine, con la que mantiene una relación de menos de 10 minutos;
una subtrama que, además, consta de tres escenas, una de ellas la cita
propiamente dicha en la que ambos actores hacen gala de un autismo casi
sonrojante. Podría perdonar todo esto si de verdad complementara al personaje
pero, a mi parecer la película es capaz de transmitir y desarrollar al
protagonista apoyándose únicamente en Fletcher, la familia y, sobre todo, la
música. Hay otras dos escenas que también considero relleno, pero esta película
sí que no puedo spoilearla; así que ahora vamos a hablar de los personajes.
| J.J Jameson se canso de Spider-man y se dedico a la musica |
Andrew Neiman es lo que podríamos
llamar un chaval antisocial, ni tiene amigos, ni se lleva bien con su familia,
solo vive por y para el jazz (y sin embargo en menos de dos escenas se liga a
una chica, tocate los huevos). Miles Teller hace un buen trabajo para dotar a
su personaje a lo largo de su via crucis personal de una emoción, un
sufrimiento y una locura maniaca-obsesiva que va in crescendo a lo largo de la pelicula. Con muy
poco, una simple escena de él tocando la batería, es capaz de transmitirte
todo: emoción, dolor, miedo y frustración. Aunque he de confesar que la carisma
de este muchacho brilla por su ausencia, llegando a interesarte poquísimo por
sus problemas salvo cuando toca su instrumento. A nivel emocional, Miles Teller
es como su personaje, vacio y autista. Te importa un huevo, y lo peor es que
cuando lo juntas con J.K Simmons esto se nota aun mas.
| En Minnesota solo hay vacas y maricones, soldado ¡Y a ti no te veo los cuernos! |
Porque madre mía puto putisimo
J.K Simmons. Menudo monstruo de la interpretación, es como ver al sargento de
la chaqueta metálica haciendo compases de cuatro por cuatro. Fletcher roza la
psicopatía, es tan salvaje y despiadado que fuerza a sus alumnos a límites del
abuso emocional más carcelario. Escudándose
constantemente en la anécdota de cómo Charlie Parker comenzó su carrera musical
(su maestro le avento un platillo a la cabeza por tocar tan inspirado como
otras veces), trata de sacar el diamante en bruto de cualquiera de sus alumnos,
aunque sea a martillazos. Fletcher hostiga a sus alumnos hasta límites inhumano,
y el talento de J.K Simmons es capaz de hacernos sentir mal por no saber llegar
el ritmo e incluso de prepararnos para esquivar el siguiente platillo como si
llevara nuestro nombre escrito. Y, aun con su sociopatia y crueldad, Fletcher
es humano, muy humano, aunque la película, para su desgracia, lo simplifique
con dos escenas, una de ellas algo tonta y la segunda algo forzada.
![]() |
| ¿Sabes donde va a entrar todo esto? |
Estoy olvidando algo importante:
hemos hablado de la trama, de los protagonistas y algo de la fotografía, pero
estamos olvidando el verdadero corazón de la película. La música, el jazz, es
el esqueleto en que se apoya todo el filme. Creo no ser el único que piensa que
el jazz no es de los géneros actualmente más populares, y si bien yo escucho
algo de jazz siempre he sido aficionado del más tranquilo y meloso, ya sabéis,
el de pianito y saxofón, bastante gay. Pero en Whiplash el jazz esta
hipertrofiado como chulo de playa, es rápido, es frenético, es agresivo y está
muy furioso. No es de extrañar que Fletcher haya elegido composiciones como
Whiplash o Caravan (que es una ida de hoya importante), porque son tan
violentas como el mismo. Cualquiera podría pensar que una batería en una banda
de jazz es un simple acompañamiento para crear el ritmo, pero luego de ver
Whiplash terminas por pensar que un buen baterista de jazz tiene siete brazos y
una baqueta colgándole de la punta de la…
| CARAVAN, ¡¡¡CARAVAAAAAAN!!! |
Whiplash ha sido una sorpresa
para mí en muchos sentidos. He pasado a no haber oído hablar de ella a
convertirla en una de mis películas favoritas e, indiscutiblemente, una de las
mejores del 2014. Mientras escribo esta conclusión está terminando de sonar
Caravan y tengo las mismas sensaciones que cuando vi las escenas finales de la película:
emoción y angustia. Echadle un ojo, no creo que os defraude, solo por ver el
sadismo J.K Simmons merece la pena, y el Oscar.
¿Qué os ha parecido la película? Recordad
que podéis dejar en los comentarios recomendaciones de películas, libros o álbumes
musicales para que los reseñe y los critique lo mas humildemente posible.
