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viernes, 31 de julio de 2015

Ultravox - Vienna

1- Astradyne (7:06)
2- New Europeans (4:04)
3- Private Lives (4:07)
4- Passing Strangers (3:50)
5- Sleepwalk (3:11)
6- Mr. X (6:33)
7- Western Promise (5:19)
8- Vienna (4:53)
9- All Stood Still (4:23)

Viendo todo lo que he ido subiendo en cuanto a música en este blog desde su creación doy a entender que debo tener cuarenta o cincuenta años. Acabo de comprobar, curiosamente, que el disco más moderno reseñado es de 1986. No os penséis cosas raras, soy mas de la mitad de joven de lo que dan a entender mis gustos musicales. Sin embargo, si hay una época con la que mas disfrute en cuanto a música, esa es sin duda los ochenta. No un genero concreto, si no a todas aquellas bandas que surgieron entonces con ese sonido de sintetizador tan característicos, que pusieron banda sonora a una de las épocas más coloridas, chillonas, horteras y con mas hombreras de la historia de la humanidad, y probablemente con los peinados mas surrealistas desde que operaron de escoliosis a María Antonieta. Por eso, al igual que Desigual, este blog no va a permitir que los ochenta mueran, o por lo menos no va a permitir que lo único que no causaba epilepsia en los ochenta muera.

Ultravox, o los cuatro exhibicionistas del gótico flamígero 

Hoy os traigo aquí un disco que hizo resucitar a una banda inglesa que andaba muy perdida a finales de los setenta, sin identidad propia, oscilando entre el glam rock, punk y los primeros toques de lo que sería el pop con sintetizador –synth pop-, y que si sois asiduos a Doctor Who quizá os suene por el capítulo del submarino ruso. El sonido marcadamente electrónico, surrealista e hipnotico de Ultravox definió toda una época; y con el fin de los 80, también acabo su popularidad en una progresiva decadencia hasta su posterior disolución en los 90. Vienna (1980), el disco que os traigo hoy, es el que lo comenzó todo, el que tiene todos los elementos de lo que fue Ultravox en su época de mayor creatividad gracias al nuevo vocalista y guitarrista, Midge Ure, que se encargo de sacar a la banda del pozo underground al que la había sumido su anterior líder, James Foxx. De todos los discos de la época de Ure, Vienna es el que tiene, a mi parecer, el sonido más innovador y atrevido, que marcaría el sonido de los posteriores tres discos.

Passing Strangers

Vienna es un album curioso por varios motivos. Es un disco claramente  experimental, y se siente nada más empezar escucharlo:  abre con Astradyne, una larga pieza “instrumental” electrónica que intercala la fanfarria de sintetizador con multitud de rifts de guitarra distorsionada que se enlaza con la siguiente canción, New Europeans, cambiando completamente el registro, abriendo con un marcado ritmo de guitarra eléctrica antes de darle el relevo a la voz de Midge Ure; sin embargo, el sintetizador no desaparece, sigue presente con un conjunto de melodías estrafalarias durante toda la canción. Private Lives sigue en la misma línea de New Europeans, aunque con un sonido más comedido. Passing Strangers, junto con All Stood Still y Sleepwalk son puro Ultravox: sonido psicodélico, surrealista e hipnótico marcadamente electrónico, con sintetizadores que suenan a theremin y baterías y guitarras que le dan ese toque de pop-rock tan ochentero: el solo de sintetizador y batería de Passing Strangers es, junto con Vienna, lo mejor del disco. Mr X es bastante extraña; es de las piezas más sobrias –y sombrías- del álbum, únicamente varias melodías de sintetizador, una batería, y voces distorsionadas por vocoder que le dan un aire casi alienígena a la canción. El resultado es bastante irregular. Western promise juega con una melodía de sintetizador que gusta de repetir constantemente con distinta intensidad e intercala con una batería muy machacona y un Midge Ure distorsionado por vocoder. Finalmente, Vienna, el tema que da título al álbum, merece una valoración aparte. Esta fue la canción que puso a Ultravox en el pedestal del que costó 10 años bajarle. Vienna parece una declaración de intenciones, es una canción tan oscura, tan extraña y tan poco habitual para un grupo pop de los ochenta –siendo los ochenta lo que son- que no sé ni cómo pudo tener el éxito que tuvo; y aun si, dejo bien claro una cosa: Ultravox no iba a ser una banda convencional. Es cierto que durante la canción, mas marcadamente en el estribillo, se nota más “luminoso”, pero en conjunto, el regusto que deja es el de una oda macabra, solo hay que ver el videoclip queacompaña a la música. El sintetizador se mantiene al mínimo, el protagonismo lo tiene el piano, la batería y la voz de Ure, incluso se utilizan violines y platillos, contrasta muchísimo con el resto de las canciones del álbum.

Sleepwalk

Si tuviera describir Vienna con una palabra seria precisamente esa: contraste. El álbum, en conjunto, lo componen canciones o excesivamente electrónicas y distorsionadas (Astradyne, Mr. X, Western promise), híbridos entre rock acústico y algo de sintetizador (All stood still, New Europeans, Private Lives…) y… y Vienna. Para los no iniciados, Vienna es un disco inmisericorde por lo irregular de su sonido y lo abrupto que a veces resulta. Para mi, creo que es mi disco favorito, descontando varias canciones que siento como relleno o excesivamente raras para mi gusto. Si queréis empezar con Ultravox y no os gusta el sonido ochentero, os recomendaría que escucharais Vienna, la canción, y luego intentarais comenzar por otro disco mas accesible, como Quartet, que tal vez también reseñe en el  blog. Si os gusta el sonido... os va a encantar Ultravox.

lunes, 9 de febrero de 2015

Vangelis - L'Apocalypse des Animaux


Apocalypse Des Animaux - Générique (1:25)
 La Petite Fille De La Mer (5:53)
 Le Singe Bleu (7:30)
 La Mort Du Loup (3:00)
 L'Ours Musicien (1:00)
Création Du Monde (9:51)
 La Mer Recommencée (5:55)

Lo que voy a decir es una opinión muy personal, y tengo hasta miedo de soltarla asi, a bocajarro y sin amor. Pero allá va: Vangelis me parece el músico más grande del siglo XX, y el compositor más grande vivo en la actualidad.  Ala, ya lo he dicho.Y si, se perfectamente que hay muchísimos otros músicos de renombre de géneros muy distintos que son más famosos y han calado tanto en la cultura popular que ya son leyendas comparables Mozart o Bach -si no me crucifican por lo primero, por esto seguro que si-, al igual que también se que durante el siglo XX y XXI ha habido numerosos compositores de música clásica que se que los más puristas dirán que no solo superan, si no que violan inmisericordemente al barbudo griego. Pero este es mi blog, son mis gustos, y Vangelis para mi es un genio, y aunque sé que en el futuro solo se le recordara por sus increíbles bandas sonoras, las cuales la mayoría de las veces son mejores incluso que la peli –ejem, 1492, ejem, ejem-, ante los teclados y sintetizadores, este hombre sera una leyenda.

Cuando era joven, este hombre no tenia ni la mitad de barbas que ahora
Luego de mi soflama, permitidme que entre en materia y una sucinta aclaración: la obra de Vangelis es prolífica por no decir inabarcable, y por desgracia no soy ningún experto ni en música ni en el compositor heleno, así que espero no decir muchas barbaridades o dejar puntos aislados o confusos.
Tras una breve carrera junto a Demis Roussos en el grupo Aphrodite’s Child a finales de los sesenta y un intento de carrera en solitario con el álbum Earth, que paso sin pena ni gloria –y que además ni siquiera he escuchado-, Vangelis quiso buscar el éxito comercial internacional, y para ello comenzó su larguísima colaboración como compositor de bandas sonoras. Y así nació  L’Apocalypse des Animaux (1973), como la banda sonora de un documental de la vida salvaje del realizador francés Frederic Rossif, con el que también haría La Fete Sauvage (1976) y Opera Sauvage (1979). Con este disco Vangelis consiguió su ansiado triunfo internacional en solitario, y el reinado musical que se mantendrá por más de 40 años.
Contraportada del disco. El estilo nebuloso de las imágenes se aprecia en la música 

Con una duración de 35 minutos en vinilo y cassette, interpretado principalmente por piano y guitarras, a las que se unen melódicas atmósferas de sintetizador, todo ello tan difuminado como la portada del disco. La obra comienza con una obertura muy exótica, rocambolesca, que contrasta enormemente con la pieza más famosa del álbum, La petite fille de la mer, un tema increíblemente melancólico y emocional, con un piano sobrecogedor que diriase de cristal  unido a unos nebulosos sintetizadores que evocan el océano borrascoso en plena noche. Le singe blue es también una tonada triste, con una trompeta protagonista que unida a los delicados pulsos de sintetizador crean una pieza casi jazzística, muy introspectiva. La mort de loup da un mayor protagonismo al sintetizador y la guitarra, creando una pieza con más matices, pero igual de melancólica que las dos anteriores. L’Ours Musicien es una composición más llamativa, tan intensa como breve, y rápidamente da paso a la que podría ser la pieza más cósmica de todo el álbum, que anunciaría cual sería el devenir del músico griego en los próximos años. Creation du monde sugiere con sus nebulosos sintetizadores unos parajes oníricos y sugestivos, una representación musical de lo que serían los océanos prehistóricos desnudos de vida, de azul infinito.  El tema final, La Mer Recommencee, podría ser un eco de la anterior tonada, igual de onírica, pero con mucha menos fuerza.

La petite fille de la mer


L’Apocalypse des Animaux es un álbum muy agradable de escuchar y accesible para aquel que quiera adentrarse por primera vez en la música del barbudo heleno. Dentro de su prolífica producción, este álbum es una obra llamativa, mucho más melódica y menos cósmica o “futurista” que sus obras más destacadas, casi podría decirse que es música ambiental, como la que popularizo Brian Eno en la misma epoca; y es esta cualidad la que, a mi parecer, la convierten en un disco esencial para no iniciados. 

La creation du monde
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