Mi amor por el cine no se limita únicamente a ver películas, también me intereso mucho por el mundo de la
critica cinematografía y el cine a nivel técnico, el lenguaje cinematograficos, que planos y juego de camaras hacen que una escena sea objetivamente mejor que otra, aun pudiendo ser una escena similar. Tal vez esa sea la palabra: me gusta ver que es lo que hace una película objetivamente buena, y
eso es algo de lo que intento transmitir en cada una de mis reseñas. Hay un
recurso muy habitual que me resulta odioso en un debate, y es el de la gente que resume
cualquier manifestación artística como un concepto únicamente subjetivo. Si eso fuera así de facil, la mitad de las exposiciones del Guggenheim no
tendrían sentido, muchas de las obras ahí expuestas son incomprensibles para
los legos en el mejor de los casos y cuatro putos palos mal puestos que hasta
mi sobrino el tonto sería capaz de hacer en una tarde (con perdón de mi sobrino, el tonto). O no, que también pueden existir aquellos que esos palos categóricamente colocados se despierten en su interior comprensión de la totalidad del universo y la
expresión de la naturaleza humana, o la intervención capitalista en la guerra del
Kosovo: que se yo. Pero en realidad, ese es el punto, el gusto es completamente
subjetivo, es lo que hace que nos atraiga o nos repela un cuadro, un libro, una
película; pero la calidad es algo objetivo, y esta no está subordinada al
gusto, o no totalmente, si no somos tan estrictos. Pues, si esto fuese así, el oficio de crítico sería absurdo, y si hay alguien que piense esto porque según la crítica especializada X libro o X película es
mala, que sepa que es solo frustración infantil, y siento ser yo quien se lo
diga.
¿Por qué os largo, de nuevo esta sarta de chorradas, me diréis, porque divagas tanto, Julio? Pues porque, efectivamente, cobro
por palabras. Toda esta reflexión me vino tras ver el título que hoy os
traigo aquí: Paseando a Miss Daisy, famoso por ser uno de los Oscars a mejor película mas
sobrevalorados de la historia, junto a otros títulos tales como Bailando con
Lobos, Shakespeare in Love o En Tierra Hostil. Ya hable en otra entrada sobrela “objetividad” del jurado del que se compone la academia, y nunca me ha importado ser iconoclasta, para lo bueno y para lo malo, pues como he dicho antes ahí arriba, que aunque intente ser lo mas objetivo
posible sigo teniendo un gusto plenamente subjetivo, y mas de una vez he
sentido la necesidad de abandonarme de lleno a el, llamadme hipócrita si queréis, yo prefiero llamarme humano.
| Pero basta, basta, hablemos de Miss Daisy, ¡cojones ya! |
La señorita Daisy es una profesora
jubilada judía, cascarrabias y antipática que tras estampar su coche contra la parcela del vecino en el minuto uno de la película, su hijo decide contratarle
un chófer negro, afable, bondadoso y cándido. Al principio, la antipática
actitud de la señorita Daisy pondrá a prueba la casi infinita paciencia del chófer, pero conforme transcurre la película esta actitud ira dando paso a una
amistad que se prolongara por muchos años.
| Si las miradas matasen, Morgan Freeman estaria decapitado... |
¿Ya esta, me diréis, esa es la
historia? Pues en gran medida, si, esa es la película, una simple historia de
amistad, sin más pretensiones que esas. Posiblemente ese sea el mayor defecto que ve la gente en esta película, que para tratarse de una galardonada
con el Oscar a Mejor Película, considerado internacionalmente como el máximo premio
que puede recibir un filme, no tiene una trama acorde al galardón. Y me imagino
que ese fuese el año para películas como El club de los poetas muertos o Nacido
el cuatro de Julio sea algo imperdonable. Sin embargo, yo me he limitado a ver
la película, obviando sus premios, solo me he centrado en lo que es y… la
verdad es que me quede bastante sorprendido.
| Lo siento, de verdad que lo siento... xD |
Sin ir mas lejos, el reparto me
parece excelente. Jessica Tandy, ganadora del Oscar a la mejor actriz principal
aquel año, se marca un verdadero papelón interpretando a la señorita Daisy. La
anciana Daisy es de las mujeres más odiosas que pueda uno imaginar: es arisca,
es desconfiada, tiene quejas para todo y para con todos, y es más áspera que el
papel de lija. Y, sin embargo, no pude no encontrarla tierna y su mala uva muy agradable y simpática que, aunque resulte paradójico, creo que cualquiera que
tenga una abuela de este estilo lo entenderá, es difícil odiar a alguien tan
odioso y a la vez tan adorable, mas si entendemos algo el pasado y la verdadera naturaleza de la señorita Daisy. Y no hablemos ya de Morgan Freeman, el hombre
de las cuerdas de acero y la voz de Dios en la tierra, que si bien no esta en
esta película al cien por cien de sus capacidades, porque la trama tampoco se
lo permite, es también increíblemente disfrutable. Su personaje es tan
cariñoso, cándido y bonachon que si que es imposible no tenerle afecto y,
sobretodo, no envidiar la prodigiosa paciencia que le tiene a la señorita
Daisy. El contraste que se forma entre ambos personajes no me pareció en ningún
momento forzado como al principio me imagine que seria, me sorprendió incluso
lo natural que fluía esa relación, aun con sus habituales golpes de efecto algo
forzados, a mi parecer, pero esto no es cine iraní, ni le pido que lo sea (ni
quiero que lo sea, por Dios). Además, como la película discurre a lo largo de
muchos años, esa amistad es mas autentica, porque, ademas, esta es de las pocas películas en
que si he notado satisfactoriamente el paso de los años, un verdadero logro para su hora y media de metraje; es mucho mas de lo que puedo decir de películas
como 12 años de esclavitud, donde el paso de los años no se nota, por lo menos
no dentro de la película… Ah, también sale Dan Ackroyd interpretando al hijo de
Miss Daisy, y este muchacho si tiene una hostia bien dada en la cara, ni los
momentos en que es simpático le salvan, ni a él ni a su mujer, ambos me parecen
igual de abofeteables.
| Miss Daisy renovó su carnet, y el mundo se fue a la puta |
Esto es, para mí, la película, una
modesta historia de amistad muy bien ejecutada, sin mayores pretensiones,
correcta en todo su desarrollo, muy tierna y emotiva, con personajes muy carismáticos y entrañables, que tuvo la
mala suerte de recibir el Oscar equivocado. Imagino que los intentos
frustrados de meter un contexto racial (la peli ocurre en los 50-60) a la cinta
la hicieron mas atractiva a la Academia a la hora de dar su veredicto, pero no
lo se. Aunque me apuesto a que si ese año el Oscar hubiera ido a parar a El club de los poetas
muertos esta hubiera sido considerada hoy en día como un dramón efectista, o si se lo hubieran dado
a la de Oliver Stone un Platoon descafeinado o la americanada de turno. O,
quien sabe, quizá incluso más de uno reclamaria el Oscar para Paseando a Miss
Daisy. Al final, el listo de la clase siempre pondrá el termino sobrevalorado a cualquier cosa, el día en que todos estemos de acuerdo en este mundo estaré muy aburrido.