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miércoles, 17 de junio de 2015

El Colombre

Fort Vimieux - William Turner, 1845
Hace poco os traje uno de mis poemas favoritos, porque si, porque ese día me dio por ahí, me encontraba particularmente sensible y con ganas de escribir unas palabras sobre lo que me hacia sentir una de las mejores piezas que he leído. Hoy me encuentro en un estado de animo similar y, si bien no os traigo un poema, os traigo otra obra que me fascino en el momento en que la escuche por primera vez. Solo para empezar, Dino Buzzati es un escritor italiano de cuentos maravillosos, todos ellos enmarcados en una especie de fantasía y realismo fabuloso, mas parecidos a alegorías o leyendas que a relatos formales. Al igual que Ithaca, El colombre, una pieza mas larga, también puede interpretarse de muchas formas y todas y cada una de ellas sera la correcta, por que el colombre, la bestia como tal y no el relato, al igual que Itaca, refleja muchos de nuestros anhelos mas profundos. Hoy, acompañando al relato, os traigo, ademas de un cuadro, una música acorde a la obra, que sois libres de poner; esta pieza de Vangelis es una de las que, para mi, mejor reflejan aquellos misterios submarinos que dotan de una singular belleza al océano. 


El Colombre

Cuando Stefano Roi cumplió los doce años, pidió como regalo a su padre, capitán de barco y patrón de un bonito velero, que lo llevase consigo a bordo.
-Cuando sea mayor -dijo-, quiero navegar por los mares como tú. Y mandaré barcos todavía más bonitos y grandes que el tuyo.

-Dios te bendiga, hijo mío -respondió su padre. Y como justamente aquel día su carguero debía partir, se llevó al chico consigo.

Era un espléndido día de sol; el mar estaba tranquilo. Stefano, que nunca había subido al barco, paseaba feliz por cubierta admirando las complicadas maniobras del aparejo. Y preguntaba esto y lo otro a los marineros, que, sonriendo, se lo explicaban todo.

Cuando fue a parar a la toldilla, el chico, picado por la curiosidad, se detuvo a observar una cosa que salía intermitentemente a la superficie a una distancia de unos doscientos o trescientos metros, allí donde estaba la estela de la nave.

Aunque el carguero volara ya, empujado por un magnífico viento de popa, aquella cosa mantenía siempre la misma distancia. Y, aunque él no comprendía su naturaleza, tenía algo indefinible que lo atraía intensamente.

Al dejar de ver a Stefano por allí, su padre, después de haberlo llamado a grandes voces en vano, abandonó el puente y fue a buscarlo.

-Stefano, ¿qué haces ahí plantado? -le preguntó al verlo finalmente en la popa, de pie, absorto en las olas.

-Ven a ver, papá.

El padre acudió y miró también en la dirección que le indicaba el muchacho, pero no alcanzó a ver nada.

-Es una cosa oscura que asoma cada tanto de la estela -dijo-, y que nos sigue.

-A pesar de mis cuarenta años -dijo su padre-, creo tener todavía buena vista. Pero no veo nada en absoluto.

Como su hijo insistiera, fue en busca del catalejo y exploró la superficie del mar allí donde estaba la estela. Stefano lo vio ponerse pálido.

-¿Qué es? ¿Por qué pones esa cara?

-Ojalá no te hubiera escuchado -exclamó el capitán-. Ahora temo por ti. Eso que has visto asomar de las aguas y que nos sigue no es una cosa. Es un colombre. Es el pez que los marineros temen más que ningún otro en todos los mares del mundo. Es un escualo terrible y misterioso, más astuto que el hombre. Por motivos que quizá nunca nadie sabrá, escoge a su víctima y, una vez que lo ha hecho, la sigue años y años, la vida entera, hasta que consigue devorarla. Y lo más curioso es esto: que nadie puede verlo si no es la propia víctima y las personas de su misma sangre.

-¿Y no es una leyenda?

-No. Yo nunca lo había visto. Pero como lo he oído describir tantas veces, en seguida lo he reconocido. Ese hocico de bisonte, esa boca que se abre y se cierra sin cesar, esos dientes espantosos... Stefano, no hay duda, desgraciadamente el colombre te ha elegido y mientras andes por el mar no te dará tregua. Escucha: vamos a volver ahora mismo a tierra, tú desembarcarás y nunca más te separarás de la orilla por ningún motivo. Tienes que prometérmelo. El trabajo del mar no es para ti, hijo mío. Tienes que resignarte. Por otra parte, en tierra también podrás hacer fortuna.

Dicho esto, hizo invertir el rumbo inmediatamente, volvió a puerto y, con el pretexto de una inesperada indisposición, desembarcó a su hijo. Luego volvió a partir sin él.

Profundamente agitado, el muchacho permaneció en la orilla hasta que la última punta de la arboladura se sumergió detrás del horizonte. Más allá del muelle que cerraba el puerto, el mar quedó completamente desierto. Pero, aguzando la vista, Stefano alcanzó a distinguir un puntito negro que aparecía intermitentemente sobre las aguas: era «su» colombre, que iba lentamente de aquí para allá, empeñado en esperarlo.

*

Desde entonces se emplearon todos los recursos posibles para alejar al muchacho del deseo del mar. Su padre lo mandó a estudiar a una ciudad del interior distante centenares de kilómetros. Y durante algún tiempo, distraído por su nuevo ambiente, Stefano dejó de pensar en el monstruo marino. Sin embargo, cuando en las vacaciones de verano volvió a casa, lo primero que hizo en cuanto dispuso de un minuto libre fue apresurarse a ir a la punta del muelle para hacer una especie de comprobación aunque en el fondo lo considerase superfluo. Aun admitiendo que toda la historia que le contara su padre fuera verdadera, después de tanto tiempo el colombre sin duda habría renunciado a su asedio.

Pero Stefano se quedó allí parado, con el corazón desbocado. A unos doscientos o trescientos metros del muelle, en mar abierto, el siniestro pez iba arriba y abajo con lentitud, sacando de cuando en cuando el hocico del agua y volviéndolo hacia tierra, como si mirase ansiosamente si Stefano Roi aparecía por fin.

De esta suerte, la idea de aquella criatura enemiga que lo esperaba noche y día se convirtió para Stefano en una secreta obsesión. E incluso en la lejana ciudad le ocurría despertarse en plena noche víctima de la inquietud. Estaba a salvo, sí, centenares de kilómetros lo separaban del colombre. Sin embargo, sabía que más allá de las montañas, más allá de los bosques, más allá de las llanuras, el escualo lo aguardaba. Y que, aunque se trasladara al continente más remoto, el colombre se apostaría en el espejo del mar más cercano con la inexorable obstinación de los instrumentos del destino.

Stefano, que era un muchacho serio y diligente, continuó sus estudios con provecho y apenas fue un hombre encontró un empleo digno y bien remunerado en un almacén de la ciudad. Mientras tanto, su padre murió víctima de una enfermedad. Su viuda vendió su magnífico velero y el hijo se halló en posesión de una discreta fortuna. El trabajo, las amistades, las distracciones, los primeros amores: ahora Stefano se había hecho ya su vida, pero, a pesar de todo, el pensamiento del colombre lo perseguía como un espejismo a la vez funesto y fascinante; y, con el paso de los días, en vez de desvanecerse, parecía hacerse más insistente.

Grandes son las satisfacciones de la vida laboriosa, holgada y tranquila, pero aún mayor es la atracción del abismo. Apenas había cumplido Stefano veintidós años cuando, tras despedirse de sus amigos y abandonar su empleo, volvió a su ciudad natal y comunicó a su madre su firme intención de seguir el oficio paterno. La mujer, a quien Stefano jamás había hecho mención del misterioso escualo, acogió con júbilo su decisión. En el fondo de su corazón, que su hijo hubiera abandonado el mar por la ciudad siempre le había parecido una puñalada a las tradiciones de la familia.

Y Stefano comenzó a navegar, dando prueba de dotes marineras, de resistencia a las fatigas, de ánimo intrépido. Navegaba, navegaba y en la estela de su carguero, de día y de noche, con bonanza y con tempestad, se afanaba el colombre. Él sabía que aquella era su maldición y su condena, pero quizá por eso mismo no tenía fuerzas para apartarse de ella. Y a bordo nadie veía el monstruo excepto él.

-¿No ven nada por allí? -preguntaba de cuando en cuando a sus compañeros señalando la estela.

-No, no vemos nada. ¿Por qué?

-No sé. Me parecía...

-¿No habrás visto por casualidad un colombre? -decían ellos entre risas al tiempo que tocaban madera.

-¿De qué se ríen? ¿Por qué tocaban madera?

-Porque el colombre no perdona. Y si se pusiera a seguir a esta nave, eso querría decir que uno de nosotros estaba perdido.

Pero Stefano no cedía. La constante amenaza que iba en pos de él parecía más bien multiplicar su voluntad, su pasión por el mar, su arrojo en los momentos de fatiga y peligro.

Una vez se sintió dueño del oficio, con el pequeño caudal que le había dejado su padre adquirió junto con un socio un pequeño vapor de carga, luego se hizo su único propietario y, gracias a una serie de travesías afortunadas, pudo a continuación comprar un verdadero buque mercante y apuntar a metas cada vez más ambiciosas. Pero los éxitos, los millones, no conseguían apartar de su ánimo aquel continuo tormento; y nunca, por otra parte, se le pasó por la cabeza vender y retirarse a tierra para emprender negocios distintos.

Navegar, navegar, ese era su único afán. Apenas ponía pie en cualquier puerto después de largas travesías, en seguida lo espoleaba la impaciencia por partir. Sabía que allá lo esperaba el colombre y que el colombre era sinónimo de perdición. Era inútil. Un impulso indomable lo arrastraba de un océano a otro sin descanso.

*

Hasta que de pronto un día Stefano reparó en que se había hecho viejo, viejísimo; y ninguno de los que lo rodeaban sabía explicarse por qué, siendo rico como era, no dejaba por fin la azarosa vida del mar. Viejo, y amargamente infeliz, porque toda su existencia se había gastado en aquella especie de loca fuga a través de los mares para escapar de su enemigo. Pero para él siempre había sido más fuerte que la dicha de una vida holgada y tranquila la tentación del abismo.

Y una tarde, mientras su magnífica nave se hallaba fondeada frente al puerto donde había nacido, se sintió próximo a morir. Entonces llamó a su segundo oficial, en quien tenía mucha confianza, y le instó a que no se opusiera a lo que pensaba hacer. El otro se lo prometió por su honor.

Una vez seguro de esto, Stefano reveló al segundo oficial, que lo escuchaba turbado, la historia del colombre que durante casi cincuenta años lo había seguido sin cesar inútilmente.

-Me ha seguido de un confín a otro del mundo -dijo- con una fidelidad que ni el amigo más noble habría podido mostrar. Ahora me voy a morir. También él, ahora, estará terriblemente viejo y cansado. No puedo traicionarlo.

Dicho esto, se despidió, hizo arriar un bote y, después de hacer que le dieran un arpón, partió.

-Ahora voy a su encuentro -anunció-. Es justo que no lo defraude. Pero lucharé con las fuerzas que me quedan.

Con débiles golpes de remo se alejó del barco. Oficiales y marineros lo vieron desaparecer a lo lejos, sobre el plácido mar, envuelto en las sombras de la noche. En el cielo, como una hoz, lucía la luna.

No tuvo que esforzarse mucho. Súbitamente, el horrible hocico del colombre emergió al lado de la barca.

-Aquí me tienes por fin -dijo Stefano-. ¡Ahora es cosa nuestra!

Y, reuniendo sus últimas energías, levantó el arpón para lanzarlo.

-Ah -se quejó con voz suplicante el colombre-, qué largo camino hasta encontrarte. También yo estoy destrozado por la fatiga. Cuánto me has hecho nadar. Y tú huías, huías. Y nunca has comprendido nada.

-¿Por qué? -dijo Stefano picado en su orgullo.

-Porque no te he seguido por todo el mundo para devorarte, como tú pensabas. El único encargo que me dio el rey del mar fue entregarte esto.

Y el escualo sacó la lengua, tendiendo al viejo capitán una esfera fosforescente.

Stefano la cogió entre los dedos y miró. Era una perla de tamaño desmesurado. Reconoció en ella la famosa Perla del Mar que procura a quien la posee fortuna, poder, amor y paz de espíritu. Pero ahora era ya demasiado tarde.

-Ay de mí -dijo meneando tristemente la cabeza-. Qué horrible malentendido. Lo único que he conseguido es desperdiciar mi existencia; y he arruinado la tuya.

-Adiós, hombre infeliz -respondió el colombre. Y se sumergió en las aguas negras para siempre.

*

Dos meses más tarde, empujado por la resaca, un bote arribó a una áspera escollera. Fue avistado por algunos pescadores que, movidos por la curiosidad, se acercaron. En el bote, todavía sentado, había un blanco esqueleto; y, entre sus dedos descarnados, sujetaba un pequeño guijarro redondo.

El colombre es un pez de grandes dimensiones, espantoso a la vista, sumamente raro. Dependiendo de los mares y de los pueblos que habitan las orillas, recibe también el nombre de kolomber, kahloubrha, kalonga, kalu-balu, chalung-gra. Curiosamente, los naturalistas desconocen su existencia. Hay quien sostiene que no existe.

domingo, 10 de mayo de 2015

Itaca

Esperanzas - Sir Lawrence Alma-Tadena. 1885

Se que esta entrada a mas de uno le resultara extraña, pues rompe por completo lo que ha venido siendo la mecánica de este blog: reseñas de libros,cine y música. Pero hoy no he podido contenerme, y ante todo este espacio sigue siendo un blog, un lugar en que plasmar mis emociones y vivencias del dia a dia, y eso es exactamente lo que voy a hacer. Esta tarde he estado recordando, mientras escuchaba un disco de Vangelis, ya un conocido por estos lares, un poema que siempre viene a mi mente en los momentos de mayor melancolia; y si bien no soy un hombre de gustos poéticos si que tengo algo de sensibilidad, y cuando algo me toca el alma, me emociona, como en este caso. 

Tal vez muchos de vosotros no los conozcáis, otros, en cambio, sabrán al leer el titulo de quien estoy hablando. Costantinos Kavafis, el poeta heleno por excelencia, con una obra muy breve a sus espaldas, mas muy selecta, una leyenda por los mares del levante que le vieron nacer y, por desgracia, un desconocido fuera de ellas. Kavafis escribía una poesía exótica, hermosa, sencilla pero de temática y técnica compleja, que evoca a las epocas mas ancianas de la humanidad y a los placeres mas ocultos de esta. Y hoy os traigo EL poema, lo que para mi es su mejor obra, la que me obligo a releer en los momentos de abatimiento. Porque, aun en la adversidad, debemos seguir buscando Itaca y disfrutar del camino, aunque sea largo y duro.


Cuando emprendas tu viaje a Itaca 
pide que el camino sea largo, 
lleno de aventuras, lleno de experiencias. 
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes 
ni al colérico Poseidón, 
seres tales jamás hallarás en tu camino, 
si tu pensar es elevado, si selecta 
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo. 
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes 
ni al salvaje Poseidón encontrarás, 
si no los llevas dentro de tu alma, 
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo. 
Que muchas sean las mañanas de verano 
en que llegues -¡con qué placer y alegría!- 
a puertos nunca vistos antes. 
Detente en los emporios de Fenicia 
y hazte con hermosas mercancías, 
nácar y coral, ámbar y ébano 
y toda suerte de perfumes sensuales, 
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias 
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Itaca en tu mente. 
Llegar allí es tu destino. 
Mas no apresures nunca el viaje. 
Mejor que dure muchos años 
y atracar, viejo ya, en la isla, 
enriquecido de cuanto ganaste en el camino 
sin aguantar a que Itaca te enriquezca.

Itaca te brindó tan hermoso viaje. 
Sin ella no habrías emprendido el camino. 
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Itaca no te ha engañado. 
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia, 
entenderás ya qué significan las Itacas.

Konstantinos Petrou Kavafis

Y para vosotros ¿Que significan las Itacas?

jueves, 12 de marzo de 2015

¡¡Premios literarios!!

Hace unos días recibí un comentario en la reseña del libro de Solomon Kane de un blog que me nominaba a dos premios. Tras la sorpresa inicial, me sentí eufórico, como un niño chico, y me puse inmediatamente a responder las preguntas con un buen humor superlativo y abandonando toda la mala uva que me caracteriza... Bueno, casi. Le agradezco muchísimo la nominacion al blog Hojas de Otoño, al cual os invito que visitéis si os gustan los libros y sobre todo el genero fantástico. Y dicho esto...

El primer premio es el Liebster award, con el loable propósito de promocionar blogs noveles de matados como yo. Bienvenida sea su empresa.

Reglas

1. Agradecer al blog que te ha nominado y seguirlo.
2. Responder a las 11 preguntas que te han hecho.
3. Nominar a 11 blogs que tengan menos de 200 seguidores.
4. Avisarles de que han sido nominados.
5 Realizar 11 preguntas a los blogs que has nominado.


1. ¿Cuál es el libro que más ganas tienes de que traigan a tu país?
No sigo especialmente novedades editoriales, pero si dijera alguno muy seguramente sería The Night Land, de W.H Hogdson, una novela de terror de tintes apocalípticos muy oscura, de principios de siglo XX. Técnicamente se publico en España, pero en las ediciones de bolsilibro cutres de los años 80 cuya traducciones eran, como decirlo, repugnantes. La editorial Valdemar anuncio que la publicaría en breve, y de eso hace ya un año entero. Y aquí sigo, esperando ingenuamente a que me lancen el libro a la cara y me quiten esta cara de imbécil que me han dejado los de Valdemar.

2. Saga favorita.
En verdad no soy un lector de sagas, no sigo mucho este fenómeno nuevo de sacar una historia tan estirada, sobre todo porque este recurso se da en novelas de corte juvenil, como los juegos del hambre, divergente y otras del mismo corte, y no tengo una opinión muy buena de ellas, o del genero de fantasía épica, del cual tampoco soy especial fan. Si tuviera que elegir, me quedaría con la saga de Juego de Tronos, aunque los libros se me hagan muy cuesta arriba y solo los leyera porque no podía aguantar un año más sin saber que iba a pasar en la serie, que es lo que sigo con fanática pasión greijoy. Aunque… no sé si ha sido mejor el remedio que la enfermedad.



3. ¿Tienes alguna manía extraña mientras lees?
Aunque no sé si catalogaría de manía, diría solo puedo leer tumbado en mi cama cual Snorlax salvaje. En cualquier otro asiento o superficie me resulta imposible concentrarme durante mucho tiempo. Pero manía, como tal, no tengo.

4. ¿Cuál es tu género predilecto en la literatura?
El terror. El terror me fascina desde que comencé a leer de pequeño. Es más, cuando realice mis pinitos en la literatura solía escribir relatos de terror de corte sobrenatural, muy del estilo de Poe, Lovecraft, Blackwood, Hodgson, Doyle. También leí a Stephen King, pero no me dejo recuerdos especialmente memorables.

5. ¿Has abandonado algún libro porque no te gustaba? Nombra alguno.
Tengo serios problemas de concentración, a veces he llegado a pensar eso a la hora de enfrentarme a novelas largas. O me enganchan, o las paso canutas para poder terminarlos. Esto me ocurrió con el libro El Asedio, de Perez-Reverte, que me duro 50 paginas, y… mi adorado Doctor Zhivago ¡Con lo que me gusto la película, que dolor de libro!


6. ¿Has comprado algún libro solo por la portada?
Si, ¡pero puedo explicarlo! ¿Decidme que no es bonita, la jodia?
Eso si, el libro es una maravilla

7. ¿Cuál es tu escritor favorito?
Uff… eso es como preguntar: ¿A quién quieres más, a Mama o a Papa? Es muy difícil elegir un escritor que te haya marcado tanto sin relegar a otro tristemente a una posición inferior. Si tuviera que elegir, y que me perdone Poe, seria a Lovecraft. Crecí con sus cuentos de terror, y creo que el factor nostalgia lo convierte en un intocable dentro de mi corazón. Aunque Poe me encanta, si no me creéis solo tenéis que mirar mi avatar; las gafas le quedan divinas.

8. Un personaje que te gustaría que fuera real.
Yo pagaría por conocer a un personaje como Tyrion Lannister y salir con el de cañas. Las conversaciones filosóficas de taberna que tendríamos serian impagables, y la pecha de reír que nos pegaríamos nos terminaría por partir el diafragma.

9. Personaje que más te guste.
Definitivamente, Cyrano de Bergerac. No soy un asiduo consumidor de obras románticas, tanto libros como peliculas, pero cuando leo una, o veo una, me marca muchísimo. Quiza es que tenga mucho ojo, no lo se. Pero la figura de Cyrano me parece la tragedia pura, la mejor representación del amor romántico unido a la cobardía propia del enamorado, único obstáculo entre uno y la persona amada en secreto. Esa pasión, esa entrega, Cyrano exuda poesía por sus poros, es la representación del poeta, del fracasado, de todo lo que hemos sido alguna vez bajo ese estado de enajenación cardíaca; y su final, no puedo hablar de el sin que se me salten las lagrimas.

¡Ñie! ¡Huelo a una reseña!



10. Personaje que más odies.
De esos tengo una macedonia rebosante, porque es mucho mas facil odiar a un personaje que quererlo. Pero… así de primeras diría Cersei. Me encanta todo el revuelo que armaron los grupos feministas sobre la difamación que sufría la figura de Cersei por tratarse, según ellas, de una mujer poderosa y autosuficiente. Se nota que no se leyeron la obra, porque si, es una mujer poderosa, pero autosuficiente… ¡JA! Es tremendamente imbécil, solo teneis que leer el libro para descubrirlo…


11. Libro que te gustaría que llevaran a la gran pantalla.
Hace poco reseñe la novela de Ewers, La mandrágora. Y es una novela con tanto potencial que siempre quise verla bien adaptada al cine, y creo que en manos de directores como David Fincher, con una fotografía oscura y un buen elenco, como por ejemplo Cristoff Walz haciendo de Ten Brinken, el malvado y lujurioso creador, a Guy Pearce en el papel de Franz Braun, aprovechando la facilidad que tiene para interpretar cabrones –el Discurso del Rey, por ejemplo-, y a una ninfa como Margot Robbins haciendo de Alraune. Si tratan a la película con el respeto que se merecen y no hacen una adaptación gotico-cursi con personajes estrafalarios tirando mas por el rollo cómico que por el pleno desarrollo dramático, o en resuman, si no la dirige Tim Burton, creo que saldría una verdadera maravilla. Soñar es gratis…

1. ¿Que libro crees que merece alumbrar tu chimenea?
2. ¿Cual es el libro que te ha marcado como persona?
3. ¿Cual es tu genero literario favorito?
4. ¿Cuál es tu género predilecto en la literatura?
5. ¿Cuando comenzaste a leer?
6. ¿Que película crees que supera al libro en que esta basada?
7. ¿Cuál es tu escritor favorito?
8. Con que personaje literario te irías a tomar unas copas.
9. ¿Cual personaje literario votarías para presidente?
10. ¿Con cual personaje literario estrenarías un paredón?
11. Libro que te gustaría que llevaran a la gran pantalla.

Nominados
El azul de las cosas
El diario de Antonio
El rincón de las paginas
Escriba de Avalon 

El segundo premio ha sido por Dardos, sobre citas literarias.

Reglas
1. Hay que incluir la imagen del premio en el blog.2. Seguir, mencionar y enlazar al blog que nos ha otorgado el premio.3. Agregar una frase que te marcó.4. Otorgar el premio a once blogs.

Frase
"– Cyrano – Sí, todo me lo quitaréis, 
el laurel y la rosa.
Lleváoslos
pero me queda una cosa
que me llevo.
Cuando entre en la casa de Dios
brillará intensamente
mientras diga mi adiós
algo que inmaculado, meteré
en un arrullo y me
lo llevaré para siempre
Y es…
– Roxana – ¿Qué es?
– Cyrano – Mi orgullo"
Cyrano de Bergerac, Edmond Rostand (1897)

domingo, 22 de febrero de 2015

El hombre reloj

¿Habéis visto alguna vez la película de Mejor…Imposible, en la que Jack Nicholson interpreta a un obsesivo compulsivo maniático y cascarrabias? Si me miráis con cara de “que dice este colgao” os recomiendo que la vieseis, es una comedia muy divertida y muy tierna. La saco a colación por el personaje de Nicholson, maniático hasta lo extremo, que cierra con pestillo la puerta de su casa un número determinado de veces, come siempre en el mismo sitio, a la misma hora, atendido por la misma camarera, con cubiertos traídos de casa, y que cuando camina por la calle no pisa ni una sola línea. Reconozcamos que, sin llegar a los límites de lo Asperger, nosotros también tenemos nuestras manías tontas que repetimos de forma ritual como llamada a la buena suerte o porque, que se yo, son costumbres que empezaron como un juego infantil. No obstante hubo un hombre que llevo la rutina a tal extremo que su vida se rigió como el mecanismo de un reloj suizo, sin jamás retrasarse o adelantarse, en un rítmico movimiento psicótico que solo se detuvo una vez muerto; y, curiosamente, no hablamos de un personaje desconocido, se trata de un filosofo alemán, el creador de la ética moderna, del imperativo categórico, el amigo de los niños –redoble de tambores- Immanuel Kant.
Ya tu sabeh


Los filósofos y las personas aficionadas a la filosofía, de por sí, no suelen tener fama de personas corrientes. Soy consciente de lo ofensivo generalización bastante pero, seamos sinceros y permisivos, yo entiendo que una persona tenga inquietudes metafísicas y ontológicas, yo mismo las tengo y siento apego por ciertas filosofías, sobre todo para las mas nihilistas y pesimista, porque soy la alegría de la huerta, vaya; pero para encontrar diversión y vocación en la filosofía pura a mis ojos no debes de ser una persona normal; y viendo la clase de profesores de filosofía que han pasado por mi vida, ese "normal" no tiene connotaciones positivas. Digamos, mejor, que debe de ser, como mínimo, una persona original. Dudo que alguien luego de leer los ladrillos de Spinoza, el positivismo de Wittgenstein, el humanismo de Habbermas y mil y una disciplinas mas de autores que solo con pronunciarlo se le cae el alma a los pies al mas pintado, pueda mantener una conversación sobre las curvas de Scarlett Johannson sin sacar a la palestra a alguno de estos sabios o a sus razonamientos acerca de la Idea de Scarlett Johannson, o la metafísica del lenguaje o bla bla bla. Dicho esto, partimos de que nuestro amigo Kant no iba a ser una persona promedio, pero es que ni siquiera es un filósofo promedio, este hombre llevaba lo bizarro a niveles de lo absurdo. Ahora que por fin vamos a entrar en materia luego de un excesivamente largo prologo, debo avisar que no pienso torturar a mis pobres lectores con los sesudos conocimientos filosóficos de Kant o un aburrido contexto histórico, uno, porque yo solo intento hacer divulgación amena y divertida, y segundo, porque bastante poco publico tengo para perderlo; yo me debo a mis fans, pardiez. Pero hablemos del protagonista, hablemos de Kant.

Actualmente Konigsberg se llama Kaliningrado y pertenece a Rusia. Y hasta tiene un castillo


Immanuel Kant nació en 1724 en la pequeña localidad de Konigsberg, en la Prusia oriental, hoy territorio ruso, y nunca se movió de los alrededores de esta ciudad, donde se convirtió en profesor de filosofía y donde públicó la mayor parte de su revolucionaria obra pensante, hasta su muerte, en 1804 años, con 80 años ya a sus espaldas. Actualmente, los estudiantes de bachillerato a los que no pienso hacer los deberes lo recordaran, Kant es conocido por sus críticas a la razón pura (1781) y a la razón práctica (1788), que versan sobre la voluntad humana y la moral, la relación entre el juicio estético y la verdadera esencia de la naturaleza, respectivamente; además de sus postulados sobre la ética que aun hoy en día tienen gran vigencia, y que se basan en el uso de imperativos condicionados (lo que hacemos sujetos a un estimulo externo, como una recompensa o por miedo) e imperativos categóricos (lo que hacemos sujetos al deber, como pensamiento abstracto y noble). La filosofía kantiana marco un antes y un después en la filosofía europea, lo que fue llamado como giro copernicano, todo un testimonio de la Ilustración del siglo XVIII, en resumen,  un gran legado a la humanidad de un hombre más soso que las lapas. Y es que para idear y escribir conceptos tan abstractos uno debe evitar cualquier distracción, aunque esta sea elegir una calle diferente o coger o no un paraguas cuando llueve; el buen filósofo ha de estar siempre centrado y dedicarse por entero a la contemplación ilustrada, y Kant, desde los cuarenta años hasta su muerte cumplió esta máxima religiosamente.

Julio, tu chapa nos hace sufrir con filtros dramaticos, para

Nuestro amigo Immanuel –porque Manolo Kant no suena tan trendy- era despertado todas las mañanas por su criado, Lampe, cinco minutos antes de las cinco de la mañana; lo que las abuelas provincianas llaman “la fresca”. Tomaba un desayuno que consistía en dos tazas de café, fumaba una pipa, único vicio del día; luego leía en su salón, preparaba las clases hasta las siete y atendía a los alumnos y después de dar sus clases volvía a su despacho hasta el mediodía. Luego nuestro filósofo se vestía con sus más formales atuendos e iba a comer acompañado de un grupo selecto de amigos, nunca más de ocho ni menos de tres -no es coña, tal cual-: este era de sus pocos contactos sociales, una informal conversación con otros profesores universitarios, en las que Kant tenía fama de ser un gran conversador -aunque yo solo imagino un Sheldon-. Tras la comida, daba un paseo de forma casi castrense, solo, contando los pasos y respirando por la nariz. La caminata le llevaba a la casa de su amigo Joseph Green, donde pasaba las horas muertas hasta las siete, en que retomaba el camino a casa del mismo modo que antes. En casa, leía hasta las diez, realizaba unos ejercicios de relajación para evitar los malos sueños y se acostaba. Esta rutina, metódica, servía para que sus vecinos de Konigsberg pusieran los relojes en hora dependiendo del lugar en que se encontrara el filosofo en ese momento, y solo fue interrumpida en esos 40 años una vez. En efecto, entre 1778 a 1781, Immanuel Kant desapareció de la vida pública ¿Conoció a una mujer, un hombre? ¿Se enamoró? ¿Se fugó con una amante? ¿Se casó en secreto hasta que algo salió mal y tuvo que regresar a su hogar ?

Oh, pobres almas ignorantes...

En serio, si os habéis planteado alguna de estas hipótesis es que tenéis mucha fe puesta en este hombre. No, su desaparición tuvo un motivo mucho más profundo: se aisló en su casa para escribir su gran obra Crítica a la razón pura; literalmente, permaneció encerrado pensando durante tres años; tres años que tuvo acongojados -acojonados- a sus pocos amigos, que estuvieron a punto de echar la puerta abajo en mas de una ocasion al pensar que había perdido el juicio. Es comprensible esta tardanza, puesto que el librito en cuestión consta de 800 páginas de amena y accesible filosofía del pensamiento. Antes he sacado a colación la vida sexual de Kant, aunque debería referirme mejor como la ausencia total de vida sexual de Kant. Nunca se caso, ni se le conoció amante ni relación amorosa, permaneció soltero toda su vida, y es redundante que murió célibe: su gran y único amor era la filosofía. Así transcurrió la vida de Kant, el filosofo-reloj, sin absolutamente un suceso llamativo o una peripecia destacarle salvo su mecánico ritmo de vida, lo cual resulta hasta paradójico.
Como no iba a ser un buen partido semejante hombre...

La historia se convirtió en leyenda y la leyenda en mito, y gracias a la literatura la vida de Kant se rodeo de un aura de romanticismo hasta tal punto que hoy en día cuesta distinguir cuánto hay de verdad en esta rutinaria existencia que os he expuesto. Thomas de Quincey, escritor ingles del siglo XIX, que también merecería un artículo en mi blog, dedicó un ensayo a los últimos años del filósofo, y definió este comportamiento como el declive de una de las mentes más brillantes de la humanidad. También existe otro libro, más actual, de un filosofo francés inventado, llamado La vida sexual de Immanuel Kant, que es más un juego borginiano, metaliterario, que una obra biográfica, y del que apenas conozco algo más allá del título, pero que me supongo aborda con mayor profundidad y socarronería esta faceta del filosofo.


Este artículo se ha extendido más de lo que me hubiera gustado, pues solo pretendía ser una anécdota divertida de una figura histórica, y he terminado por convertir la anécdota en un monográfico. Si habéis llegado hasta aquí espero que os hayáis divertido y que os haya ayudado a conocer una parte de la vida del filosofo que no se enseña en los libros y que, para el ordinario mortal , es mucho más atractiva que una clase de filosofía de Bachillerato. 

Jack Nicholson aprueba esta entrada

domingo, 1 de febrero de 2015

Steampunk. Un vistazo al pasado con los ojos de un soñador


Creo que en mi reseña de Canticos de la lejana tierra comente muy someramente que el género de la ciencia ficción ha sido nunca de mi agrado. Debería de justificar esa afirmación, o al menos maquillarla, porque me quedo bastante nazi. De de la ciencia ficción surgen multitud de ramificaciones, de las que únicamente me repelen la ciencia ficción más dura, la enfocada a los viajes espaciales en un futuro muy lejano, o en los que la humanidad ha colonizado mundos enteros y está integrada con mayor o menor éxito a una sociedad extraterrestre galáctica (¡El imperio!). Así, sagas como Star Wars o Star Trek, o todo lo que empiece con un Star nunca me ha gustado, aunque actualmente intento adentrarme más en esos géneros y, de momento, la saga de videojuegos Mass Effect me ha sorprendido muy gratamente. Es de las pocas veces que he visto un universo tan atractivo y bien construido. Lo que quería decir antes de irme por las ramas –como siempre- es que ciertos sub-géneros, como el distopico o el retrofuturismo clásico, siempre me han llamado la atención, sobre todo el steampunk, cuya estética me fascinó desde que la descubrí de pequeño, aun cuando desconocía el nombre en su momento, en unas recreativas paleozoicas que había al lado del único cine de mi ciudad. Eran unas arcades de cazar monstruos marinos, en pleno siglo XIX, con propulsores-lanzarpones, globos aerostáticos y unas clásicas escafandras de caucho y bronce con engranajes y tubos de latón (durante el juego ibas nadando, y eso debía de flotar de la ostia, vaya).  Aun siendo una recreativa bastante tonta, su estilo me llamo tan poderosamente la atención que no pare hasta encontrar una forma de llamar a esa desconocida estética. Casi diez años tuvieron que pasar, pero al final la encontré: Steampunk.
No pretendo plasmar aquí un enciclopédico artículo lleno de fechas, pautas y estudios sociológicos de cómo ha influido en la actualidad ni nada parecido. Solo pretendo, humildemente, hacer una ligera aproximación y transmitiros el entusiasmo que me produce este género que, a mi parecer, merece mayor popularidad. Tampoco pretendo profundizar en la trama de ninguna de las obras mencionadas: solo me centrare única y exclusivamente en su estética.

El toque cyborg que no falte
No se como podían embutirse en esas cosas...
El steampunk es un sub-genero retrofuturista, ambientado a finales de un siglo XIX ucronico, en donde la segunda revolución industrial siguió un camino diferente y la tecnología del vapor sustituyo a la electricidad; aunque pueden a ver excepciones, la característica principal del genero se basa más en la época en que este se ubica que en la fuente de energía utilizada. Nos encontramos en una sociedad victoriana o eduardiana, de finales del XIX a principios del XX, muy avanzada tecnológicamente pero con ese toque de sofisticada antigüedad que solo los trajes, chisteras y savoir-faire británico pueden dar. Los zepelines surcan los cielos, las locomotoras y los cabrioles son los usuales métodos de locomoción y las fabricas se convierten en bosques de tuberías y engranajes laberinticos que emponzoñan la atmosfera con una clásica niebla londinense. Los ciudadanos de esta sociedad conviven con normalidad con avances tecnológicos del siglo XX o XXI, pero siempre manteniendo un estilo marcadamente decimonónico en lo estético y lo moral, y esto se aprecia sobretodo en la moda, donde tecnología y encajes se unen creando un llamativo vestuario en los que predominan chalecos, levitas, corsés, faldas abultadas, relojes de cadena, gafas de piloto y mucha chapa.

Aunque la palabra Steampunk surgió para dar nombre al género retrofuturista en los 80’s, muchos de vosotros habréis pensado inmediatamente en las obras de “ciencia-ficción” de Verne  o H.G Wells.  No es extraño que notar las influencias. El steampunk bebe mucho del positivismo científico de la obra de Verne, claro reflejo de la sociedad de su época,  en que imperaba un sentimiento de que el ser humano siempre será capaz de avanzar indefinidamente, y que este progreso solo traerá felicidad y servirá para ayudar al desarrollo de la sociedad.  Wells, en cambio, fue mucho más realista al hablar de las consecuencias de este progreso, a Verne le hizo falta quedarse ciego y un disparo para darse cuenta de cuan frágil es la bondad del hombre. Obviamente, el steampunk lo vemos reflejado en sus inventos y creaciones, increíblemente avanzadas para su época, como el Nautilus, el submarino y nave insignia del capitán Nemo, el improvisado cohete de De la Tierra a la Luna, el Albatros de Robur (en la reseña anterior hay fotos de la nave), las más desconocidas FranceVille y Stahldstadt, o la personal visión de la capital francesa en Paris del siglo XX; incluso podemos encontrar steampunk en el diseño de los trípodes de la guerra de los mundos.
¡Marcianos!
Stahldstadt, la ciudad del acero


Que ilustraciones mas chulas tenían las novelas de Verne
Como he dicho antes, el género se consolido con nombre propio en los 80’s, y el creador del término fue K. W Jeter, escritor de ciencia ficción británico. Este, en su afán por clasificar las nuevas obras retrofuturisticas de la época, de estética muy similar, entre ellas la suya misma, clasificó el sub-genero y universalizó algunas de sus características: el uso de figuras reales y universos literarios victorianos, como Wells, Verne o Mary Shelley; el uso del viaje en el tiempo, y usar problemas sociales de la época para aplicarlos a la nuestra (racismo, pobreza, clasismo, la era victoriana no es muy diferente a la actual, por eso resulta tan versátil). Como ejemplo de este nacimiento podríamos citar Las puertas de Anubis, de Tim Powers,  o Morlock Nights, de K.W Jeter, donde los protagonistas son las criaturas monstruosas de La máquina del tiempo, de Wells.  

Actualmente, el género ha transcendido la literatura hasta convertirse en parte de nuestra cultura popular; ahora podemos ver a fanáticos del género con suntuosas galas retrofuturistas en convenciones, algunos con más éxito que otros, y maravillosas artistas gráficos que han explotado al máximo las posibilidades del sub-genero, dotándolo de una frescura y una originalidad única. La creatividad y libertades que ofrece se han visto en películas, series, comics y videojuegos. La liga de los hombres extraordinarios, comics y película (si olvidamos sus relaciones con el comic la película tiene un diseño steampunk muy vistoso), algunas obras de Miyazaki, como el Castillo ambulante o el Castillo en el cielo, o Steam boy son muy buenos ejemplos del sub-genero en el cine. No obstante, aun siendo el medio donde podría brillar mas esta estética, es en mi opinión en el que menos se explotan sus posibilidades, quedando siempre muy comedido; aunque entiendo el porqué,  los excesos del genero deben ser difíciles de manejar a la hora de redactar un presupuesto.
Portada de la liga de los blablablah

El Nautilus salido de las profundidades de R'Lyeh

Mención aparte merecen los videojuegos, o mejor dicho, el videojuego. Me refiero a la trilogía Bioshock, en particular, al Bioshock Infinite, su tercera entrega, pues los primeros dos juegos se adscribirían mejor al dieselpunk, ambientado en los 30-50, con estética más noir. En Infinite, toda la estética se aprovecha con tal fastuosidad e inteligencia que podría considerarse una obra de arte. Qué coño, quítale el podría: es una obra de arte. Desde la ciudad, Columbia, representación distopica del americanismo republicano más intransigente y fanático, pasando por el diseño de vehículos, zepelines en su mayor parte y carros tirados por autómatas con forma de caballo, hasta el diseño de edificios, habitantes, decorados. He olvidado mencionar que Columbia es una ciudad suspendida en el cielo, con capacidad para maniobrar a su gusto y dirigirse donde quiere. 

Columbia, en todo su esplendor
Aprovecho para recomendar como conclusión  a aquellos que gusten de la estética steampunk y de la animación en 2D un proyecto independiente realizado por ex-animadores de Disney. Se llama Hullabaloo, y buscan el apoyo de toda alma generosa que decida aportar su granito de arena con un donativo, aunque sea humilde: https://www.indiegogo.com/projects/hullabaloo-steampunk-animated-film




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